jueves, 10 de diciembre de 2009

VOLVER

*
Es grato regresar.
Siempre es grato volver a los lugares blancos
que siente la orfandad
del fermento que añora
cada estación que pasa como ave migratoria.

Es grato recorrer
las calles y las plazas
que la resaca inunda con intimismo fértil,
rescatando secretos
que ya no son exactos,
temblando entre la espuma que se agita,
que cambia, que se pliega,
en una deserción que se va yendo
y llega hasta la calma inmóvil de la contemplación.

Es grato revivir
ese misterio, esa transformación involuntaria
que sucede en el alma
mientras se vuelve sorda y temeraria,
ese recuerdo atado a una antigua condena
que fue lugar de encuentro,
destello y paraíso
de otro instante al que salvas de los instantes muertos.

Se hace grato ese olor,
ese sabor a olvido que la memoria evoca,
ese sentir la dicha de la vida
que en la desdicha pugna por ser cierta,
ese gozar ingrato que acorrala y sorprende
sin conmiseración.

Y en esa gratitud regreso, vuelvo,
recorro los rincones alumbrados
por una luz distinta,
igual que un fuego nuevo
que busca en las ciudades
sus cenizas prensadas en los ángulos muertos
de esquinas permanentes,
revivo mutaciones
de cada primavera y cada otoño,
aspiro la intemperie de la rosa cortada
como pálida ofrenda
que agónica se encoge entre las manos,
saboreo las lágrimas
que la hojarasca pone
junto al frío del tiempo,
aceptando su azar perecedero.

Porque volver tiene algo
de ese negar la sombra consumada,
de ese espantar los gestos
que anidan la costumbre
para reconocer la irrealidad
que a fuerza de ahuyentar nos acompaña
en patios escondidos y ateridos,
lejos ya de lugares
que ya no son iguales
a aquellos en que fue grato vivir.




Julián Borao

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