jueves, 10 de diciembre de 2009

CÓMO SON

*
Son húmedas las noches
y hay un olor a duelo y a vírgenes impuras,
y hay un olor a sed y a soledad.

Y hay una llama muerta
que se extingue
con doloroso encanto ceniciento
en esas noches húmedas de invierno.

La llama de un aviso
que empuja por sorpresa al aludido
que no sabe qué hacer,
que no responde
y que se queda roto en su deseo,
en su respiración entrecortada,
dejando desquiciada
su estela delatora y su alegría.

Y hay un sudor lascivo
que resbala en los cuerpos
cuando se activan hilos escondidos
y ascienden y descienden
en el aire nocturno.
Por eso se sortean y se rozan,
por eso se amontonan
y acompasan sus actos
en un desordenado protocolo
de turbia incitación.

Son así las condenas
de quienes no se sienten condenados
después de haber pactado
con las complicidades del hastío.

Y ese mojado pálpito que queda derramado
da forma a la ilusión,
al delicado poso que se muestra
cuando al mirar atrás
se enciende la mañana sorprendida
infiltrándose blanca en la negrura
tenue de las horas pasadas,
las que se quebrantaron
junto al sediento fuego de los labios
que nunca
volverán a compartirse.




Julián Borao

1 comentario:

Ana Muela Sopeña dijo...

Un poema precioso, Julián. Tiene la belleza evanescente de lo intangible. Poesía de alta calidad, amigo.

Un abrazo enorme
Felicitaciones
Ana